martes, 14 de noviembre de 2017

4.2 4.3 REINADOS DE FELIPE V Y FERNANDO VI

    1. EL REINADO DE FELIPE V ((1700-1724 ; 1724-1746).
Felipe V estuvo dominado por crisis psíquicas cada vez más profundas y sometido a influencias externas. La primera sería francesa, x su primera esposa, Mª Luisa de Saboya y la Princesa de los Ursinos, junto con el embajador francés Amelot que llegó a convertirse en primer ministro de España, dirigiendo la administración e impulsando la reforma. También un francés, Jean Orry, fue nombrado superintendente de finanzas por Amelot (1705-1709). Detrás de todo este entramado estaba Luis XIV cuyo principal objetivo era llevar a cabo un triple programa de reformas:
  • Reducir el poder de la aristocracia.
  • Reducir el poder de las órdenes religiosas.
  • Abolición de los fueros de la corona de Aragón.
Amelot, retirado por Luis XIV en 1709 indujo a Felipe V a identificarse más con el partido español, aunque siguió de hecho la influencia del rey francés.
A raíz de la boda del rey con Isabel de Farnesio, la situación cambió. La primera en caer fue la princesa de los Ursinos y también fueron destituidos Orry y Macanaz. Isabel puso límites a la influencia francesa y a la "nueva burocracia", consiguió credibilidad ante los españoles tradicionalistas, pero ello fue a costa de la promoción de los italianos, lo que originaría desilusión. Se sustituyó el modelo francés por el dominio de los favoritos (típico de los últimos Austrias).

ALBERONI (1715-1719).
Era el jesuita que había gestionado el matrimonio del rey. Fue nombrado cardenal en 1717, sin ningún título oficial.
En política exterior centró su labor en la revisión del tratado de Utrecht que había destruido la presencia española en Italia. Existía una razón para ello: Isabel quería para sus hijos algún trono italiano, ya que la sucesión española estaba asegurada para los hijos del primer matrimonio. Así, se reorganizaron las fuerzas navales y las finanzas con vista a una acción inmediata: financiar las expediciones a Cerdeña y Sicilia, que fueron ocupadas en 171 7 y 1718, respectivamente.
Como consecuencia de este desafío al orden internacional establecido en Utrecht en 1718 se firmó la Cuádruple Alianza (Inglaterra, Holanda, Austria y Francia) y la flota británica destruyó a la española en las costas de Sicilia, mientras Francia atacaba Guipúzcoa y Cataluña. Los aliados solicitaron la expulsión de Alberoni, y Felipe V le despidió en diciembre de 1719.
En política interior Alberoni anuló las medidas introducidas por Orry, recortó del gasto público y reorganizó el comercio, mientras Felipe V se encontraba enfermo y sufría alucinaciones.

RIPPERDÁ (1719-1726).
Tras la caída de Alberoni hubo un vacío de poder, llenado en parte por los Secretarios de Estado cuyas competencias se acrecentaban (por ejemplo Grimaldi).
En 1724 se produjo una gran conmoción con la abdicación de Felipe V, alegando motivos religiosos, posiblemente con esperanzas de acceder al trono francés a la muerte de Luis XIV. Le sucedió en el trono español su primogénito Luis I (1724), y la reacción española fue de gran satisfacción, pues era el ídolo de la aristocracia y del partido español.
Sin embargo, la abdicación fue ficticia, ya que aunque los reyes vivían en La Granja de San Ildefonso, desde allí seguían influyendo en la política española. De hecho, Luis era asesorado por una Junta designada por Felipe V. Sin embargo, contrajo la viruela y murió ocho meses después, volviendo Felipe V al trono.
En septiembre de 1724 comenzaba el segundo reinado de Felipe V y el favorito fue el Barón de Ripperdá, aventurero holandés, carente de talento, que llegó a España como diplomático y consiguió ponerse al servicio del rey.
Durante su valimiento en política exterior se logró en 1725 la reconciliación entre Felipe V y Carlos VI de Austria mediante la firma del Tratado de Viena, que pretendía hacer frente a la alianza anglo-francesa (realizada tras la muerte de Luis XIV), desfavorable para España.
En política interior no fue reformista; tan sólo hizo algunos cambios para aumentar los ingresos y poder pagar los subsidios prometidos en el tratado de Viena. Su caída, se produjo en 1725, tras mostrar su incapacidad y ser descubiertas sus intrigas. Fue destituido y encarcelado en el Alcázar de Segovia, de donde escapó.

PATIÑO (1726-1736).
Patiño era un funcionario conservador, pragmático e infatigable, y su objetivo era recuperar el poder español, revitalizando el comercio americano mediante una marina fuerte, el desarrollo de una industria nacional y una política fiscal que estimulara las exportaciones. Sin embargo, su programa tenía críticos.
En política interior destacó la creación de un ejército y una marina para defender el colonialismo y mantener mejores relaciones exteriores, lo que permitió reafirmar la presencia española en el Mediterráneo. Como ministro de Hacienda no hizo transformaciones radicales, aunque impuso una política mercantilista favoreciendo la producción textil española con disposiciones para dificultar importaciones de tejido extranjeros. Entre 1727 y 1728 se llevó a cabo un reajuste monetario buscando la estabilidad financiera.
En política exterior, y siguiendo las consignas de la reina, la prioridad eran los objetivos italianos. Se firmó el Primer Pacto de Familia en 1733 entre España y Francia, debido a la guerra de sucesión de Polonia: Luis XV pensó que su suegro tenía derecho al trono polaco y buscó alianza de España. Para España era la ocasión de disputar a Austria sus dominios italianos, además de que Francia prometía ayuda a España para recuperar Gibraltar. España se comprometió a ayudar a Francia contra Austria y a no hacer la paz por separado. Ambas potencias se concedían el trato de "nación más favorecida" para el comercio.
Consecuencias del pacto fueron:

  • España recuperó Nápoles y Sicilia donde Carlos fue proclamado soberano de ambos reinos, reconocido por Luis XIV.

  • Francia no respetó el pacto y firmó por separado la paz con Austria en octubre de 1735: Austria se quedó con Lombardía y con el ducado de Parma, marginándose los intereses españoles en el norte y centro de Italia. A cambio Austria reconoció a Carlos como nuevo rey de Nápoles y Sicilia.
En 1736 Patiño murió, amargado por los resultados inesperados de la política exterior, las extravagancias que tenía que soportar en las entrevistas con el rey y la durísima campaña que sufrió contra su persona.

CAMPILLO (1736-1743).
Tras la muerte de Patiño no hubo un sucesor que acumulase todas las tareas. Sus carteras fueron divididas en diversos personajes, ninguno de su talla. Poco a poco la reina se fue apoyando en un nuevo administrador: José del Campillo y Cossío, nombrado en 1741 ministro de Hacienda, Guerra, Marina e Indias, y que se convirtió en el auténtico heredero de Patiño. Sus ideas eran más radicales que las de su predecesor; era un gran conocedor de los asuntos coloniales y marítimos, y un gran intelectual, pero no dispuso de mucho tiempo ya que murió en 1743.
Durante este tiempo se produjo la guerra de la Oreja de Jenkins (1739), que fue una auténtica guerra colonial, que no tuvo éxito. Las causas estaban en las ambiciones inglesas en América: el contrabando continuo inglés (a pesar del tratado de asiento de 1731, reforzado por los comerciantes recientemente autorizados) seguía siendo un problema muy grave para la economía colonial española, siendo la cuestión de la oreja de Jenkins un mero pretexto. Sin embargo, también se trató de una guerra europea, ya que se mezcló tras 1740 con la Guerra de Sucesión de Austria (en la que Inglaterra apoyó a Austria y Francia a Baviera). Estaba en juego el equilibrio de Europa y el comercio de América. En 1741 esta guerra quedó definitivamente englobada dentro de la Guerra de sucesión austríaca. Isabel de Farnesio daría otro paso en su política italiana: dos expediciones españolas llegaron al norte de Italia para luchar contra los austríacos.
En este contexto se firmó el Segundo Pacto de Familia o tratado de Fontainebleau de 1743, que era una nueva alianza franco-española en la que se ratificaba lo estipulado en el primer pacto, aunque adaptado a la coyuntura internacional. Luis XV se comprometió a instalar a Felipe de Borbón en Milán, Parma y Piacenzia y se garantizaba la posición de Carlos como rey de las Dos Sicilias. Francia apoyaría la reconquista de Gibraltar y Menorca, y Felipe V se comprometía a no dar a los ingleses el "asiento de negros" ni a autorizar el navío de permiso a América.
Al morir Felipe V la guerra continuaba, pero el nuevo reinado abría nuevas posibilidades. Melchor de Macanaz, uno de los negociadores españoles, defendía la posición nacionalista: España, como nación independiente, debía llegar a un acuerdo con Inglaterra, potencia marítima y comercial más poderosa del mundo; para él la alianza con Francia era perjudicial. Pero estas negociaciones fracasaron por Gibraltar e Italia.
En 1748 se firmó la Paz de Aquisgrán, negociada por Francia, y que ponía fin a la guerra. España aceptó la paz con renuencia, sin lograr lo que se le había prometido. A pesar de ello, el balance de la guerra fue para España una mejora radical: consiguió poner límite al progreso británico en América. También culminó el proyecto de Isabel de Farnesio en Italia, reapareciendo España como potencia en el Mediterráneo y con sus hijos colocados. En 1748 nuevo orden de prioridades en política exterior: acaba la preferencia de la diplomacia europea para centrar su atención en la cuestión colonial y por tanto en el Atlántico.
La guerra supuso el fin del sistema colonial tradicional. En 1740 se suprimieron todas las flotas y, desde entonces, para el abastecimiento de Sudamérica, se utilizaron navíos aislados autorizados por la corona.

FERNANDO VI (1746-1759).
Fernando VI estaba casado con la infanta portuguesa Bárbara de Braganza, con quien no tuvo hijos. Fue un monarca nacional, nacido en España y rodeado de españoles; prefería su país a la dinastía, y la neutralidad a la guerra. Le llevó dos años librarse de Francia e Italia, pero la política exterior dejó de ser la única prioridad del Estado. Los intereses españoles ya no residían en campos de batalla europeos sino en el Atlántico.
Las principales figuras políticas de este reinado fueron:

  • Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, hombre capaz, de origen modesto de familia de hidalgos de Logroño. A la muerte de Campillo en 1743 ocupó el puesto de secretario de Hacienda, de Guerra y Marina, Indias y superintendente de Ingresos. Fue el hombre más poderoso del momento.

  • José de Carvajal y Lancaster, a partir de 1746 fue Secretario de Estado, con fuertes convicciones y firmemente aplicadas.
1743-1754.
Hasta 1746 el objetivo de Enseñada era apartarse de la guerra y establecer la paz. Presentó al rey su programa en una serie de informes (1746, 1747, 1748 y 1751), y a finales de 1748, tras firma de la Paz de Aquisgrán, contaba una posición perfecta para cumplir su programa, con las siguientes prioridades:
  • Reforma administrativa y financiera. El proyecto de Ensenada se basaba en sustituir todos los impuestos existentes sobre bienes de consumo y servicios por un impuesto único sobre la renta. Para ello era necesario la compilación de un censo de personas, propiedades e ingresos de toda Castilla para 1750: El Catastro de Ensenada de 1754. Sin embargo, grupos de intereses y sectores privilegiados protestaron y presionaron, con lo que el proyecto se pospuso y luego se abandonó.
  • Comercio con las Indias. Era la preocupación fundamental para Ensenada. Se dio un nuevo impulso a la utilización de navío de registro y se prestó atención a la administración colonial, que era muy corrupta por la frecuente venta de cargos para la Audiencia y corregidor.
  • Construcción naval. Era prioritaria para un país con un imperio ultramarino y que pretendía ser respetado por Francia e Inglaterra. Ensenada concentró los esfuerzos en materia de defensa de la Marina. Heredó la deteriorada infraestructura de Patiño, y la reconstruyó. Se crearon tres arsenales reales: Cádiz, El Ferrol y Cartagena. El resultado fue que en 1760 España tenía 47 barcos de línea y 21 fragatas, y continuaban aumentando.
  • Reforzamiento del ejército.
  • Relaciones con Roma. La regalía más importante que tenía España en cuestión religiosa era el Patronato Real (derecho de presentación para obispos y beneficios más significativos). El 11 de enero de 1753 por el Concordato se condecía a la corona el derecho de Patronato Universal por el que el rey de España no sólo tenía el derecho de presentación de altos cargos eclesiásticos, sino que también consiguió otras prebendas y beneficios, excepto los que se reservaba al papa. Las consecuencias fueron un incremento del poder de la corona, que desde ese momento tendría el control sobre el episcopado y la mayoría del clero secular.
En política exterior cabe destacar:
La neutralidad que mantuvo España en la cuestión de la Guerra de los Siete Años entre Francia e Inglaterra.
  • La firma de un Tratado de Límites con la América Portuguesa (Tratado de Madrid) en 1750 por el que Portugal renunciaba a Colonia do Sacramento (enclave importantísimo desde un punto de vista comercial) mientras que España cedía dos zonas en la frontera de Brasil, muy controvertidas ya que allí había siete misiones guaraníes de jesuitas, a los que se dio la orden de abandonarlas y asentar a los indios en territorio español.
Este tratado tuvo importantes repercusiones políticas en España, ya que se produjo una polarización de opiniones entre los partidarios del tratado (enemigos de los jesuitas) y los contrarios al tratado. El resultado fue la desestabilización del gobierno con la crisis de 1754, el aislamiento profundo de Carvajal, y asociación más estrecha entre Ensenada y Rávago.
A la muerte de Carvajal en 1754, los miembros de su facción pasaron a la oposición de Ensenada, temerosos de su excesivo poder. Esta oposición estaba dividida en dos grupos:
  • Los enemigos políticos, liderados por el duque de Huéscar, futuro duque de Alba.
  • Los ingleses, con el embajador Keene al frente, que convencieron al rey del nombramiento de Ricardo Wall (de ascendencia inglesa, nacido en Francia) como Secretario de Estado en sustitución del fallecido Carvajal.
Huéscar y Wall acusaron a Ensenada ante el rey de deslealtad, aunque en realidad, Ensenada fue víctima de una lucha por el poder, un auténtico golpe de Estado, cuyos autores eran el duque de Huéscar, el conde de Valparaíso, y el embajador inglés Keene, que pretendían contrarrestar la inclinación de Ensenada hacia Francia, interrumpir el programa de construcción naval y frustrar las medidas de defensa en América.

Así, en 1754 el rey ordenó el cese y la detención de Ensenada que fue confinado en Granada y no fue juzgado. El equipo de Ensenada (Jorge Juan, Antonio de Ulloa y el padre Rávago) fue desmantelado.


jueves, 9 de noviembre de 2017

4.1 Guerra de Sucesión

LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA: GUERRA INTERNA Y CONFLICTO INTERNACIONAL.

El siglo XVIII se iniciará en España con una nueva dinastía: los Borbones. El nuevo rey, Felipe V, duque de Anjou y nieto de Luis XIV, reinó desde 1700 hasta 1746, fue un rey mediocre, maníaco religioso por momentos y dominado por el sexo en otros, con escasas condiciones para gobernar por lo que dejó el gobierno del país en manos de favoritos. Se casó dos veces, la primera con Mª Luisa de Saboya, de quien tuvo dos hijos, Luis I y Fernando IV, y la segunda con Isabel de Farnesio, de quien tuvo a Carlos III y al príncipe Felipe.

Bandos:
FR (interesado en el comercio con las Indias)+ Castilla Felipe de Anjou
GB (temor unión FR y ESP), AUSTRIA, SABOYA, PORTUGAL (1704). Archiduque Carlos
Los españoles no luchaban por el conflicto dinástico, sino para protegerse contra la desmembración de su territorio. Además, tampoco deseaban una monarquía unificada de Francia y España sino que querían su propio rey.

Desarrollo bélico
1.- Hasta 1704 Se formaron tres frentes de guerra:
-Italia, donde los Austrias luchaban por la supremacía.
- Alemania, donde las tropas anglo-holandesas al mando de Marlborough obtuvieron la victoria de Blenheim, con lo que peligraron los Países Bajos españoles.
- En el mar: España era vulnerable en el Mediterráneo y Atlántico, por lo que la flota anglo-holandesa atacó Cádiz con gran brutalidad y más tarde Vigo, lo que supuso la destrucción de la flota española, con desastrosas consecuencias para el comercio con América.
2.- A partir de 1704 Portugal se uniría a Inglaterra y a la gran alianza. El Archiduque Carlos desembarcó en Lisboa, escoltado por la flota anglo-holandesa, con la que recorrieron la costa Mediterránea con la intención de producir un levantamiento de la población española. Atacaron Gibraltar, que fue tomado por sorpresa, mientras Felipe V invadía Portugal para evitar que entrara en España.
3.- A partir de 1705 la guerra fue por el control de la Península. España estaba sin flota, con escasez de tropas, falta de armamento, sin talento en las clases dirigentes, y el ejército era sólo una fuerza de apoyo. Francia envió tropas generales, abastecimiento, material bélico y proporcionó asesoramiento sobre las necesarias reformas militares, aunque todo fue pagado por España.
En 1705 los aliados atacaron la zona oriental de la Península y recibieron el apoyo de Valencia, con la rebelión interna de la población y el reconocimiento al archiduque como rey, lo mismo que en Cataluña, que cayó en poder de los aliados; Mallorca también reconoció al Archiduque Carlos, que prometió respetar los fueros aragoneses y catalanes.
4.- El año 1706 fue desastroso para Felipe V, ya que los aliados tomaron Madrid con la colaboración de parte de la nobleza y la aristocracia, por lo que no le quedó más remedio que huir. Las noticias del exterior también eran malas, pues los Borbones perdieron el control de los Países Bajos españoles. También fueron derrotados en Ramillis (1706) y hubo una victoria austríaca en Turín (1706) debiéndose abandonar las posesiones italianas. Felipe V regresó a Madrid gracias al apoyo del pueblo castellano, realizándose nuevos reclutamientos.
5.- Será en 1707 cuando se produzca el primer éxito de los Borbones, primero en Valencia, y, más tarde, en la  decisiva batalla de Almansa donde el ejército francoespañol derrotó al ejército aliado, recuperando Valencia y la mayor parte de Aragón mientras que Cataluña resistía: Carlos estableció su corte en Barcelona reinando 4 años.
6.- Entre 1708 y 1709 se produjeron crisis de subsistencia debidas al frío invierno que destruyó las cosechas: hambre, peste. Andalucía fue muy castigada. Durante este período, Francia sufrió desastres militares (las derrotas de Oudenarde y Malplaquet) a los que se unieron los desastres naturales que provocaron malas cosechas y escasez de alimento. El papa Clemente reconoció como rey de España al archiduque Carlos.
Todo esto llevó a una situación de agotamiento general, al tiempo que se producían sublevaciones internas, por lo que en mayo de 1709 Luis XIV estaba dispuesto a negociar con los aliados y a renunciar a España. Sin embargo, debido a la dureza de las condiciones que pretendían imponer los aliados, decidió continuar la guerra.
7.- En 1710 Felipe V estaba solo, con el único apoyo de España, ya que Luis XIV había retirado la mayor parte de sus tropas. Los aliados comenzaron una nueva campaña que culminó en Madrid, con la proclamación del archiduque como rey con el nombre de Carlos III. Luis XIV reaccionó y envió al duque de Vendôme con tropas y abastecimientos, lográndose las victorias de Brihuega y Villaviciosa. El ejército aliado se retiró a Cataluña ya que Aragón fue recuperado por los Borbones.
8.- En 1711 murió el emperador José I sin descendencia, por lo que su sucesor era su hermano, el Archiduque Carlos, que reinaría como Carlos VI. Se produjo entonces el alejamiento de Inglaterra de la alianza ante la posible recreación del imperio de los Habsburgo y por la crisis interna en el país por el triunfo de los tories. Comenzaron las negociaciones bilaterales entre Inglaterra y Francia.
9.- Entre 1712 y 1713, Felipe V recuperó Cataluña y en 1714 la guerra concluyó con su entrada en Barcelona. Un año antes, en 1713 se había firmado el tratado de Utrecht, donde España acordó la paz con todos sus adversarios (Inglaterra y Holanda con España y Francia), excepto con el emperador. En 1714 se firmaría el tratado de Rastatt.

Consecuencias
Felipe V fue reconocido como rey de España y de las Indias pero tuvo que renunciar a sus derechos sobre la corona francesa. Territorialmente la corona española quedó desmembrada, finalizando imperio español en Europa:
Gibraltar y Menorca pasaron a manos de los ingleses.
Sicilia fue para Amadeo de Saboya.
Nápoles, Cerdeña, Milán y los Países Bajos españoles, para Carlos VI.
Colonia do Sacramento tuvo que entregarse a Portugal, aunque era indirectamente la base para el comercio británico.
Económicamente la gran beneficiada fue Inglaterra ya que consiguió la concesión del asiento de negros (contrato de comercio de esclavos que antes estaba en manos de Portugal y Francia) y del navío de permiso todos los años a la América española, además de la promesa de restitución de las condiciones comerciales de tiempos de los Austrias. De Francia, Inglaterra obtuvo el derecho a disfrutar de condiciones de "nación favorecida".
Políticamente, se crea un nuevo orden político:
Se estableció un nuevo equilibrio europeo, poniendo fin tanto a la hegemonía de los Austrias como a la de los Borbones.
Comenzó un tiempo de libertad en los mares que duraría hasta la Revolución Francesa.
Se produjo un equilibrio entre los ejes París y Viena como contrapeso a Londres.
Fue el momento de consagración de la expansión marítima comercial inglesa, sustituyendo Londres a Amsterdam como centro económico mundial.
La guerra de Sucesión fue también una Guerra Civil entre Aragón y Castilla. En la corona de Castilla, la aristocracia estaba descontenta por las innovaciones introducidas por el absolutismo monárquico "al modo de Francia" lo que suponía la marginación del Consejo de Estado y el que decisiones importantes se tomaran en el despacho del rey, primando la opinión de los franceses que ocupaban los cargos políticos más importantes (Orry estaba al frente de la Administración de Hacienda).
En la corona de Aragón el apoyo a los austriacos se tradujo en levantamientos generalizados a partir de 1705 y las causas del descontento hay que buscarlas en que las malas cosechas produjeron un aumento del número de campesinos descontentos (malcontents). Se mantuvo la tradicional hostilidad contra los franceses tanto por parte de los comerciantes como de las clases medias. A pesar de esto, la adhesión al Archiduque no fue unánime. La mayoría de la nobleza fue fiel a Felipe V. En Cataluña, las zonas rurales no se levantaron contra los Borbones. El núcleo del movimiento catalán estaba en las clases medias y en los comerciantes.

Las consecuencias de la guerra fueron considerables en el plano internacional. Los tratados suponían la consolidación de un nuevo mapa y el triunfo de un ideario novedoso en las relaciones intereuropeas: la paz en el continente se conseguiría a través del establecimiento de un justo equilibrio de poder entre dos bloques tácitos, de similar fuerza que, por medio de la disuasión, garantizarían la concordia. Francia y Austria resultarían los centros de las alianzas y Gran Bretaña la gran vigilante que terminaría por imponer de hecho, su criterio de la balanza de poderes.


lunes, 6 de noviembre de 2017

AMPLIACIÓN CRISIS DEMOGRÁFICA Y ECONÓMICA (3.8)

DEMOGRAFÍA
-El siglo XVI; a falta de estadísticas globales, todos los indicios apuntan hacia una demografía estacionaria en la época de los Reyes Católicos; la tendencia al aumento se hallaba frenada por causas políticas: expulsión de los moriscos y musulmanes, condena y huida de judaizantes; unidas a causas naturales persistencia de las crisis epidémicas, entre las que fue terrible la de 1507-8. La rica agricultura y el monopolio del tráfico americano elevó la población de Sevilla de 45.000 habitantes en 1.500 a más de 120.000 en 1.600, lo que la situó entre las ciudades más populosas de Europa. En la Castilla del siglo XVI no había ciudades de tal tamaño; Burgos, en el apogeo de su prosperidad, no pasó de 20.000 habitantes, y en el último tercio del siglo inició una rápida caída. Valladolid se defendió mejor, y el traslado de la Corte durante los años iniciales del siglo XVII retrasó su inevitable decadencia.
- El siglo XVII; se sitúa dentro de un periodo de estancamiento general en Europa. Comienza con una epidemia de peste bubónica, llamada “peste atlántica” que invadió casi toda la península, solo Cataluña, Valencia y Murcia se vieron libres. Duró hasta 1602 y las víctimas se calculan en un mínimo de medio millón. Después llegó la de 1647, que es la mayor catástrofe demográfica que ha conocido la España moderna. Las cifras de víctimas fueron impresionantes: 13.780 en Córdoba, y unos 60.000 en Sevilla, lo que supuso entre en cuarto y la mitad de sus vecinos. Pérdidas torno al millón de muertos, a lo que hay que unir los matrimonios rotos y los desplazamientos de población.Otros factores que incidieron en la población fueron la emigración a América y la guerra, más importantes por la calidad de sus efectivos que por su número.
En general podemos decir que la población española experimentó un leve descenso en el siglo XVII, que a pesar de las circunstancias no fue acusado. Más interés presenta el estudio de los desequilibrios regionales. Durante el siglo XVII lo que de verdad se produjo fue un vuelco del centro a la periferia, el centro castellano, más poblado y más influyente social y económicamente sufrió un transvase tanto demográfico como económico, en la zona cántabra, catalana y andaluza. Es ahora, en el siglo XVII, cuando se inicia ese proceso, que culminará en el XVIII.
LA SOCIEDAD
La estructura social española no defería mucho de la de otros estados europeos; debía haber una nobleza dotada de ciertos privilegios; la cualidad de noble se transmitía por la sangre o por voluntad del rey, a través de méritos de orden militar, aunque cada vez más por funciones administrativas o dinero. En Castilla ocupaban el puesto superior los grandes, seguían los títulos, en número creciente; condes y marqueses, pues los duques tenían automáticamente la condición de grandes. Los Caballeros formaban una especie de clase media urbana; se beneficiaban del monopolio de los cargos municipales. Por último estaban los Hidalgos muy numerosos en el norte (casi la mitad de la población en Asturias y Cantabria), y muy escasos al sur del Tajo, mientras que al sur del mismo río ciudades como Sevilla, Córdoba, Jerez, Baeza, Úbeda o Trujillo presentaban grandes concentraciones de títulos y caballeros, escasos en el norte.
El elemento eclesiástico siguió conservando su jerarquía propia y también conservó, a través de todos los cambios, su aprecio legal y social; incluso lo aumentó, al reformar sus costumbres y al situarse en muchas ocasiones en una postura populista frente a exigencias estatales desmesuradas.
El estado general o llano, era llamado también de los buenos hombres pecheros (de pecho, tributo). Si los nobles eran el 10% por ciento de la población y los eclesiásticos, con los familiares que compartían sus privilegios jurídicos, el 3%, el resto lo constituía el Estado General. En él estaban el terrateniente y el peón agrícola, el rico mercader y el buhonero. Lo único que tenían en común era el no pertenecer a las clases privilegiadas, pero dentro de él las distinciones de clase eran muy marcadas.
Si la teoría de la sociedad jerárquica permaneció inmutable, la realidad impuso una acomodación a los cambios, sobre todo económicos. Estos cambios se observaron con más fuerza en las zonas dinámicas, las grandes ciudades, Andalucía y parte de Castilla Central. La mezcla de la vieja nobleza con la nueva aristocracia del dinero constituyó, de un lado, las oligarquías urbanas, de otro, en el ámbito rural, los poderosos, que fueron los que patrocinaron las exenciones de los lugares y su conversión en villas con gobierno, controlado por ellos.
Hasta aquí las analogías que la sociedad española presenta con el resto de Europa, pero la sociedad española presentaba ciertos rasgos diferenciadores con respecto a otros países, estos eran principalmente dos: La existencia de judíos, conversos muy mezclados con los cristianos viejos sin que ello les librase de los Estatutos de Limpieza de Sangre; la existencia de 300.000 moriscos, minoría compacta e inasimilable, que concluyo con su definitiva expulsión entre 1609 y 1614; y por último la existencia de más de 50.000 esclavos, que se dedicaban casi exclusivamente a labores domésticas.
ECONOMÍA
Agricultura y ganadería. La economía del siglo XVI era fundamentalmente agropastoril. Las malas cosechas son habituales, lo que unido al aumento de población supondrá la carestía del trigo. La agricultura se desarrolló por el aumento demográfico que propició la puesta en cultivo de nuevas tierras, hasta que el precario equilibrio entre la población y los recursos se rompe y se produce la crisis agraria que se registra desde fines del s. XVI y se prolonga hasta el siguiente. El aumento de los precios de la tierra, produce la acaparación por parte de la burguesía, que invierte en tierras en lugar de en industria y la concentración de la propiedad. Los intercambios entre comarcas eran difíciles y costosos por la mala red de carreteras y las aduanas entre los reinos de Castilla, Aragón, Navarra y Portugal. Es una agricultura donde la renta no está monetarizada, se paga en especie para huir de la inflación.
La ganadería lanar tenía importancia por la transhumancia y el comercio de la lana merina con Flandes. El Concejo de la Mesta, creado en el s. XIII por Alfonso X. Había 3 millones de cabezas de ganado.Esta actividad se ve perjudicada por las guerras y la competencia inglesa. Este comercio potenció la actividad de los grandes centros pañeros como la ciudad de Segovia y Córdoba que conocen una edad de oro.
Industria. En España no se desarrolló una industria como en otros países. Las causas más directas son la poca competitividad de nuestros productos por los salarios tan elevados, la rigidez de la organización gremial, el retraso técnico y venta de juros, pueblos y tierras, relacionada esta última con la falta de espíritu empresarial. Los gérmenes de industria del siglo XVI perecieron en el XVII. La ley de 1566 permitiendo extraer moneda de oro del reino lleva al hundimiento primero de las ferias, luego de la industria. Se contaron en el siglo XVI con muchos aspectos favorables, había materia prima, capital, trabajadores y mercado. También había carencias, como la de técnicos. De entre las industrias de la época se podrían destacar las de armas de fuego y los astilleros del norte, tabacos y jabones del sur, las cecas dedicadas a producir moneda. La industria textil compitió para que no se permitiera la exportación de la lana y se quedara en Castilla para trabajarse en centros como Segovia y Cuenca. Los productos extranjeros eran mucho más baratos, por la alta inflación peninsular.
Comercio. El comercio interior y exterior fue muy importante en España, aunque tuvo el lastre de la repugnancia de diversas capas sociales hacia él. El pequeño comercio chocaba a su vez con la reglamentación municipal. En Madrid, el comercio de productos de lujo, si llegó a tener fuerza: Cinco Gremios Mayores. La burguesía mercantil solo era importante donde se dedicaba al comercio internacional. En la zona levantina el comercio mediterráneo parecía fosilizado. La burguesía castellana, vio desaparecer su comercio europeo por las constantes guerras del siglo XVI. Solo Sevilla florecía con el comercio indiano. Castilla paga sus empresas con mercaderías hasta 1566, cuando se permite la extracción de metales preciosos. Esto, unido al establecimiento de bancos fijos y la quiebra de 1597, acaba con el sistema de ferias y debilita las exportaciones de lana. La crisis de Medina del Campo es paralela a la de Burgos. El comercio de Sevilla era importante ya antes del Descubrimiento. Florece allí una importante burguesía mercantil, que con el tiempo se irá trasladando a Cádiz, que en la segunda mitad del XVII le toma la delantera a Sevilla. El proceso inflacionista conocido como Revolución de los Precios, que aumentó los mendigos a 150.000, bandoleros y emigrantes, se debió a varios factores, la llegada de metales preciosos, las emisiones de juros y el aumento de la demanda en una economía subdesarrollada.
Real Hacienda. Carlos I obtuvo principalmente sus ingresos a través de los consejos de Castilla y de Indias. De los otros reinos apenas consigue subsidios extraordinarios. El sistema recaudatorio era poco efectivo. En ocasiones se incautó todo el oro y plata que llegaban a Sevilla. La deuda era de dos maneras: Juros con particulares a largo plazo, y Asientos con los banqueros reales a corto plazo.
Felipe II robusteció la Hacienda haciendo tributar al clero, doblando la alcabala (impuesto que graba el volumen de las ventas), y recuperando el monopolio de la sal. Los enormes recursos se emplearon en la política exterior (guerra de Flandes y competencia naval con turcos e ingleses), pero con unos gastos creciendo más que los recursos resultaban insuficientes. Bancarrotas 1557 - 1575 - 1596. Revolución de los precios (Hamilton)
Con Felipe III la crisis hacendística quedó estabilizada, gracias al periodo de paz.
Felipe IV, al contrario, agudizó los problemas. Se vendieron pueblos y cargos, se gravaron todos los artículos de consumo, se devaluó la moneda, se bajó el interés de los Juros. La alteración monetaria y la venta de cargos fueron las medidas más nocivas. A la revolución de los precios se unieron desde 1645 el descenso de las remesas de planta, las devaluaciones montearias y la emisión excesiva de juros. Aumenta el déficti y deuda.
El gran mal producido por la alteración monetaria acabó durante el reinado de Carlos II, en 1680, con la drástica deflación monetaria. Los resultados se sentirían en la recuperación del siglo siguiente. A

Financieros. Las finanzas estuvieron dominados primero por los banqueros alemanes del Emperador, los Fugger y Welser. No hay capitales en Castilla suficientes para adelantar los pagos de la corona, por lo que pese a los intentos con Simón Ruiz y otros, se acaba recurriendo a los banqueros genoveses. La quiebra de las ferias y el comercio de la lana, y el cambio de actividad de Burgos para evitar ser acusados de judeoconversos, separa a los castellanos de las finanzas públicas. Olivares trató de emplear a marranos portugueses, pero seguía siendo insuficiente. Solo en la segunda mitad del XVII vuelven los castellanos ante la retirada de los genoveses.


GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS

La Guerra de los Treinta Años, en la que los Habsburgo españoles interviene cada vez de manera más directa se divide en cuatro etapas:
1 Fase bohemio-palatina (1618-1623). Defenestración de Praga (1618). El elector Federico V asume el poder. Batalla de la Montaña Blanca (1620).
2 Fase danesa (1625-1629).Solo quedan 2 electores protestantes por lo que hace intervenir a Dinamarca. Batalla de Lutter (1626). Al ganar proclama el Edicto de restitución por el que los Príncipes protestantes deben restituir los bienes secularizados a la Iglesia Católica
3 Fase sueca (1630-1635). Debido a la rivalidad comercial con Alemania y a la intervención diplomática de Richelieu, Suecia declara a guerra al emperador. Gustavo Adolfo gana las primeras batallas pero muere en la de LUZTEN. Batalla de Nördlingen (1634).
4 Fase francesa (1635-1648). Luis XIII (Richelieu) + Países Bajos + Príncipes italianos declaran la guerra al emperador. Tras unos años de equilibrio, cambian los dirigentes (Luis XIV y Fernando III) y Francia vence claramente. Batalla de Rocroi (1643) por primera vez en un siglo y medio la infantería española es derrotada.
Esta fue una guerra de desgaste en la que se usó la técnica de tierra quemada y mercenarios. Algunas zonas de Pomerania o Bohemia perdieron el 50% de su población.

La caída de Olivares en 1643 supuso el ascenso de don Luis de Haro, pero ya con mayor participación del rey en política. En 1648 se firma la Paz de Westfalia (emperador reconoce la soberanía de los Príncipes en sus Estados, la libertad religiosa en Alemania y Alemania devuelve a Francia Alsacia y Lorena), pero la guerra entre España y Francia durar hasta 1659, cerrándose en la Paz de los Pirineos. En estas paces el rey Felipe IV se ve forzado a ceder muchos territorios fronterizos a Luis XIV, el Rosellón y la Cerdaña en la frontera catalana, y otros en Flandes. Suponen el fin definitivo de la hegemonía española en Europa. Al final de su reinado Felipe IV es absorbido por sus problemas familiares, las aspiraciones de don Juan José de Austria y la debilidad de su hijo Carlos.